miércoles, 3 de agosto de 2016

La ludoteca de Daroca visita nuestro museo.




El miércoles 20 de julio nos visitaron en el museo de naturaleza de Daroca los niños de la Ludoteca de nuestra ciudad. Un total de dieciocho niños y dos monitores que pasaron una hora y media en compañía de Carlos y Agustín los dos responsables de dicho museo.

La visita comenzó en la sala de Félix Rodríguez de la Fuente, pero como los niños eran de varias edades y algunos pequeños pasamos directamente al taller de rastros que impartió Agustín y donde algunos de los niños se involucraron bastante intentando descubrir los rastros y señales que la naturaleza va dejando en nuestro entorno.


Plumas, huellas, huevos y más señales que poco a poco iban desatando el interés de estos niños y que  irían aprendiendo los secretos de estos otros habitantes de Daroca que son los animales.

Terminado el taller de rastros pasamos a la sala donde tenemos la exposición de naturaleza y que Carlos se encargó de explicar. Toda esta explicación se centro en la colección de huevos que tenemos en nuestro museo, una colección de más de ciento cincuenta huevos de diferentes aves de la península ibérica. Los niños aprendieron como y porque los huevos son de un color u otro, su tamaño y lo importante que es no molestar a las aves cuando están en sus nidos.


Para terminar un repaso a las diferentes vitrinas que hay en  esta sala y que puso fin a esta visita.

Por nuestra parte agradecer a los monitores de la ludoteca por contar con nosotros y visitar este singular museo. 


Fotos y texto: Carlos Urmente.



miércoles, 6 de julio de 2016

Un alimoche cerca de nosotros. Tercera parte.



A finales del pasado mes de junio me acerque a seguir haciendo el seguimiento del nido de alimoche que protagoniza con esta, la tercera entrada en este blog, y que tienen como objetivo la difusión y puesta en valor de un ave poco conocida, y que en su conocimiento puede estar su conservación.


Alimoche en el nido. 22 jun 2016.

Dejando el coche a gran distancia voy cogiendo altura hasta unas rocas que están enfrente del nido, aunque a muy larga distancia, de hecho a simple vista solo se intuye un bulto blanco en el nido cuando ya sabes dónde está, mi sorpresa era que conforme me acercaba a la zona de observación ese bulto blanco que se corresponde al adulto no lo lograba distinguir a simple vista, parecía como si el nido estuviese vacío siendo que la última visita que hice (Un alimoche cerca de nosotros. Segunda parte.) pude comprobar que al menos un polluelo había nacido y se escondía bajo sus padres. 


Alimoche en el nido. 22 jun 2016.

De repente los dos miembros de la pareja aparecieron volando por el horizonte sin acercarse ni siquiera al nido, esto no me daba buena espina, quizás la cría de este año se hubiera ido al traste por alguna razón, o el nido hubiera sido depredado, o quién sabe...

Unos metros más andando y ya me situo en la zona de observación, alejado del nido y sin causar ninguna molestia a la aves, despliego el catalejo enfoco el nido y…. ahí estaba el pequeño alimoche sano y salvo, de un tamaño considerable, solo en el nido, sin hermanos, sin padres, observando lo que pasa a su alrededor, inmóvil la mayoría del tiempo e inquieto cuando los gorriones chillones se acercan demasiado o sus padre hacen un vuelo cercano a la pared donde se encuentra su nido.

 

















Yo inmóvil también me quedo observando lo que pasa alrededor del nido, los aviones roqueros, los gorriones chillones y los roqueros solitarios son los principales vecinos de estos alimoches, mientras tanto expectante miro el nido a la espera de que un adulto se pose en él y lleve algo de comida para el pequeño, pero no hay suerte, me deleitan con sus vuelos y sus planeos justo por encima de mí, ofreciéndome esa silueta inconfundible que tiene el alimoche con sus alas largas y curvas que recuerdan la vela de alguien practicando Kitesurf, y su cola en forma de rombo o cuneiforme, una silueta que poco a poco se va alejando desaparece por el horizonte. 

A los pocos minutos otra silueta de mayor tamaño se deja adivinar, viene hacia mí, la consigo enfocar con el catalejo en vuelo y resulta ser una de mis rapaces preferidas, un águila culebrera que se aproxima muy rápida hacia el nido, el pequeño alimoche se “agazapa” en el nido, y se queda más quieto que nunca, realmente da la impresión de que la culebrera va a depredar el nido, pero tras dos pases a escasos dos metros del nido del alimoche, el águila se aleja un poco y aparecen los alimoches adultos que empiezan a incomodarla hasta que se retira de la zona.




Alimoche en el nido. 22 jun 2016.

Y ahora sí, los adultos van volando cada más cerca del nido hasta que empiezan a hacer paradas fugaces en él, como si solo fueran a dar vuelta de su pequeño, unos segundos y otra vez en vuelo, sin aportar nada al nido, sin llevarle comida, pero el pequeño tiene algo de lo que se alimenta, una piel o un trozo oscuro de carroña, pero está muy lejos para distinguirlo.


Alimoche en el nido. 22 jun 2016.

El pequeño alimoche con el vuelo cercano de sus padres se siente seguro y se atreve a erguirse en el nido se mueve, con medio cuerpo cubierto todavía de plumón ya parece como si quisiera salir a surcar el cielo con sus padres, demasiado temprano pero pronto empezará a ejercitar las alas y a mostrarnos su cuerpo totalmente vestido plumas, pero eso ya será para la cuarta parte.


Alimoche en el nido. 22 jun 2016.