miércoles, 17 de diciembre de 2014

NUESTRA LUCHA POR UNAS CONDICIONES LABORALES DIGNAS, UN RECONOCIMIENTO PROFESIONAL Y UNA TRANSPARENCIA EN LAS EMPRESAS PÚBLICAS CONTINUA.




MANIFESTACION DE LAS BRIF EL DIA 18 DE DICIEMBRE EN MADRID

Este jueves día 18 de diciembre, los integrantes de las diez BRIF del Ministerio de Medio Ambiente vamos a hacer una marcha a las diez de la mañana en Madrid, desde la plaza Juan de la cruz (Nuevos Ministerios) hasta las oficinas de TRAGSA en la calle Conde Peñalver, para hacerle saber al MAGRAMA que es quien encarga el servicio y a TRAGSA que es la empresa que gestiona el servicio BRIF lo que queremos que se refleje en la negociación de nuestro convenio, que es:
-Categoría profesional reconocida como bombero forestal, actualmente nos tienen como peón.
-Una segunda actividad, debido a las exigencias fisicas de nuestro trabajo.
-Un salario digno, ya que ahora cobramos unos 850€ al mes.
Queremos que se nos oiga! Ya que es ahora, en invierno, cuando la sociedad se olvida de nosotros hasta el verano siguiente, cuando la lacra de los incendios forestales cubre de cenizas nuestros montes, generando una perdidas ecológicas, economías, llevándose por delante ,en el peor de los casos, vidas humanas.
Por eso le decimos a la empresa y al ministerio, QUE ESTAMOS AQUI! Y SEGUIMOS LUCHANDO!
Y que es ahora, casualmente en invierno, cuando se negocian las condiciones laborales en las que nos veremos en los próximos años, por eso os pedimos que nos ayudéis a difundir este mensaje.

BRIF EN LUCHA!

martes, 9 de diciembre de 2014

El recuerdo de una mirada.



En otra ocasión anterior ya intenté narrar el sentimiento profundo que transmite la mirada de un ave rapaz. En la entrada titulada “ENTREHALCONES Y BÚHOS REALES.” puedes leer cómo la mirada de los halcones peregrinos, o del búho real de nuestro amigo Alberto se clavaban en nosotros. En este caso eran aves en cautividad, destinadas a la cetrería.
Hoy os quiero narrar, lo que sentí hace justo un año y un mes, cuando una mirada amarilla y penetrante coincidía a escasos metros con mi propia mirada. 
Yo estaba trabajando en el Centro de Interpretación de la Laguna de Gallocanta, y a las dos, que es la hora de cerrar para comer, me fui a dar una vuelta como suelo hacer para ver si veía alguna grulla anillada.
Mirar unas pocas patas de grulla desde la carretera, otras pocas desde la depuradora de Bello, observar una bisbita pratense en el navajo de Bello, y ya casi se ha hecho la hora de volver a abrir el Centro. Así que me iba hacia allí, cuando del mismo ribazo del camino y por el rabillo del ojo, veo un movimiento de algo de tamaño más o menos grande que tarda una milésima de segundo en desaparecer a pocos metros de donde ha salido, tras una linde de piedra.

lechuza campestre; foto: Uge Fuertes

Bajo de la furgoneta, y andando de puntillas y muy despacio para no hacer nada de ruido, me asomo detrás de la linde de piedras y allí estaba: quizás lo último que me esperaba era encontrar a aquella lechuza campestre a escasos cinco o seis metros de mí, clavando fijamente su mirada amarilla y vidriosa en mí. No sé quién estaba más sorprendido de ver a quién, ella inmóvil, sin retirar la mirada, yo asombrado, una de las más difíciles de ver, escasas y bonitas aves rapaces frente a mí.
Hasta entonces solamente la había visto un par de veces en un vuelo fugaz al atardecer, pudiendo apreciar solamente la silueta en vuelo; ahora seguía ahí, mirándome, sin irse, cerca, a las tres de la tarde.
Yo sin todavía dar abasto de la situación, volví andando hacia atrás, me monté en la furgoneta y, maldiciéndome por no llevar la cámara encima, volví al Centro de Interpretación.
Allí estaba Antonio Torrijo, mirando más patas de grullas, y al momento paró Carmina, que iba para el pueblo. Yo emocionado de haber visto la campestre se lo contaba a ellos, que de ver lo ilusionado que estaba yo también sonreían; al día siguiente se lo conté a Fernando Langa, que ha escrito alguna vez en este blog, y que hace tiempo había visto una y también me contó emocionado en su momento (me alegro que ya la hayamos visto los dos, me dijo).
Hoy, un año y un mes después de ese acontecimiento, he vuelto a abrir el Centro de Interpretación, a buscar anillas en el descanso de comer, y a pasar por el camino donde una vez sentí la mirada de aquella lechuza campestre, no he tenido suerte, ni anillas, ni lechuza.

lechuza campestre; foto: Uge fuertes.

Pero al volver por la noche a Daroca, una sombra fugaz cruza dos veces por delante de la furgoneta al llegar a Las Cuerlas, mírala me digo a mi mismo, ¡¡era la lechuza!!
¿Será la misma que desde el año pasado me está haciendo escribir esta entrada, y me ha vuelto a poner los pelos de punta al recordar por el puerto de Valde San Martin su mirada amarilla, vidriosa y penetrante?

viernes, 5 de diciembre de 2014

MILES DE GRULLAS BAJO LA LUNA LLENA.



Miles de grullas surcan los cielos de la cuenca de Gallocanta cada atardecer para entrar a pasar la noche a su dormidero, la laguna.
Después de pasar toda la tarde alimentándose de semillas de cereal y otras “malas hierbas” como pueden ser las capitanas, estas grandes aladas levantan vuelo para dirigirse con los últimos rayos de sol al interior de la laguna, dentro de la lámina de agua, donde encuentran protección ante posibles depredadores.
Esta semana más de 26.000 son las grullas que utilizan esta laguna como dormidero, cifra elevada, pero no tanto si la comparamos con la del año pasado, cuando el censo de tal día como hoy (5/12/2013) fue de 37.857 individuos que entraron a dormidero.


Sin duda, una vez más un espectáculo de la naturaleza en la puerta de casa, gratuito, fascinante y único. 

Asi es como he podido ver yo esta tarde la entrada asomándome a la puerta del centro de Interpretación de la Laguna. Disfrutando junto con Sabi y Grus de esta preciosa luna llena, y viendo como las grullas volaban bajo su resplandor para llegar hasta la laguna, donde pasaran la noche, para deleitar con su salida al amanecer a todo aquel madrugador que se decida a disfrutar de este maravilloso espectáculo que nos brinda la naturaleza.